
Cuando llegué a San Matías estaba de director del Centro, Juan Díaz de la Cruz, "don Juan el maestro" Así le llamaban todos en el barrio porque además él vivía también en San Matías y era para todos ....el maestro por excelencia.
Tenía una forma muy peculiar de desarrollar su labor didáctica y todos observábamos en él una actitud condescendiente con su alumnado y poco académica. Sus clases eran innovadoras, divertidas para sus alumnos/as y extrañas para sus compañeros/as, que a pesar de que todos le criticábamos, al final ...todos terminábamos imitándole de alguna manera.
Eran famosos los cuadernillos hechos por él mismo con chistes y cuentecitos del "flaco" para enseñar a los pibes la suma, la resta,...etc. Ya desde los cursos más bajos empezaba él a salirse del currículo y se dedicaba a llevar a los chicos a investigar por sí mismos, con su cuaderno de campo y su guía didáctica de fabricación casera y personalizada para cada alumno, creando en ellos y en ellas hábitos de realización personal en cuanto a criterio propio y autonomía. Claro, luego leer sistemáticamente para tomar velocidad lectora, no había tiempo, dictados para corregir la ortografía, tampoco. Y cuando los chicos pasaban de curso con otro u otra,...._¡¡horrorrr, son los de Juan, el maestro!! _ exclamaba el desafortunado/a, pues había que enmendar y suplir. En fin, que ante este desaguisado ... todo mundo decía: ¡¡cosas de Juan!!
Luego a la larga se veía que eran los que más comprendían conceptos, los que trabajan solos, los más concienciados en contenidos canarios, los que mejor trabajaban en el huerto escolar, etc. pero... los de peor ortografía, cosa nada extraña en los tiempos que corren de mensajes sms y escritura apresurada.
Pasó el tiempo, llegaron nuevas disposiciones legislativas y Juan se fue _sorpresivamente _ a la Secundaria (ESO).
Aquel no era su sitio. Mucho más tarde lo reconocería él mismo, cuando abandonó la enseñanza por tareas sindicales. Y en el sindicato se jubiló de una manera callada sin despedidas, ni discursos, ni lagrimitas ni ná de ná. Así era Juan... y digo "era" porque hace poco tiempo se fue definitivamente. Una enfermedad traicionera y cruel, le dio el pasaporte a la Eternidad. No quiso visitas de nadie que no fuera su familia y para el último momento...como siempre de sorpresa, nos dejó su despedida por escrito....¡cosas de Juan!
Amigo, por todas las cosas compartidas a lo largo de tantos años, por los desencuentros e incompatibilidades, que también cuentan, por lo que hemos aprendido de ti, ...¡GRACIAS, Y DESCANSA EN PAZ, MAESTRO!!





